-Sos un bilardista extremo …

-No, no. Jaja. Traté de tomar algo de todos los técnicos que tuve o que conocí. Me gustan Menotti, Bilardo, Bielsa … Mi estilo de conducción de grupo lo saco de Bilardo, pero el estilo en el campo de juego lo adapto según el tipo de jugadores que tengo. En Independiente jugué con enganche, con el Rolfi Montenegro. Y en Gimnasia con Lucas Lobo. Llegué a defender con tres en Gimnasia y ahora lo hago con cuatro. Elegir, elegir, lo podés hacer sólo con billetera, y yo no dirigí muchos equipos con economías grandes.

Pedro Troglio, Pedrito, como lo suele identificar el mundo del fútbol, es un laburante de la profesión, muy querido en el ambiente. Verborrágico, gesticulador desde el banco, se enoja con los árbitros, discute cada jugada, arenga a sus jugadores con su voz arenosa. “Sí. Pero soy así en la vida. Me vuelvo loco pero me arrepiento. Digo ‘no lo hago nunca más’ y lo vuelvo a hacer. Siempre digo me voy a calmar así no hago lío. Ya tengo 49 años” (espera su sexto hijo).

-Te fue bien como jugador …

-Debuté en River en el 83 cuando hubo una huelga de jugadores. Tenía 18 años. Martín Pando era el entrenador. Pero en Primera me puso el Bambino Veira. Llegué a jugar en la Libertadores del 86 pero en la final de Tokio ante el Steaua Bucarest, estuve en el banco. En el 88 me vendieron junto a Claudio Caniggia, al Hellas Verona de Italia. Tenemos una gran relación con el Pájaro. Después pasé a la Lazio donde creo que tuve mi esplendor como jugador. Tenía 27 años y tuve un año fantástico. Después fui al Ascoli, un equipo chico donde no costaba mucho ser figura, jaja. Y de allí a Japón. Estuve tres años. Fue una linda experiencia, bien remunerada. Cuando volví ya estaba para largar. Pero me llamó el Pepe Basualdo y me invitó a jugar en Villa Dálmine, en la C, con un grupo de amigos. Y nos sumamos el Diablo Monserrat, el Pacha Cardozo, Pobersnik. Salimos campeones y yo hice el gol en la final. El cuerpo ya acusaba los 38 y dolían las patadas …

-¿Ya tenías el bichito del entrenador rondando?

-En realidad, no. Me dediqué a estudiar Periodismo Deportivo en la escuela de Quique Wolff. Pero, mientras, hice el curso de entrenador. Me dijeron que tenía pasta. Y me llamó José Manzur, el presidente de Godoy Cruz, que estaba en la B. Y arranqué. Me parece que fui el primero de la serie de técnicos que llegaron allá sin tener experiencia. Como Batista, Llop, Cocca, Asad, Palermo …

-Pero ya habías vivido la experiencia con Bilardo en el Mundial del 90. Si hasta hiciste un gol, contra la Unión Soviética, en Nápoles.

-Fue un momento inolvidable. Y aprendí muchas cosas de Bilardo. Sin la exageración de él, con sus obsesiones, aprendí a tomarle amor a la profesión a dedicarme de lleno para disfrutarla o sufrirla. Por eso no puedo ver a un jugador que no viva esto con intensidad. Porque es un privilegiado que hace lo que le gusta, que no significa un gran sacrificio en la semana, y que tiene la posibilidad de ganar plata. Es cierto, el modernismo los lleva a las maquinitas, a las computadoras. Ya no van más al café, al billar.

-¿Y después de Godoy Cruz …?

-Estoy cumpliendo 10 años como entrenador. Después pasé a Gimnasia y estuvimos cerca de ser campeones haciendo un campañón. Y pasé a Independiente, un club grande. Peleamos el campeonato y nos clasificamos para la Sudamericana. En líneas generales me fue bien porque después llegué a Cerro Porteño, un grande de Paraguay en el que podés pedir jugadores y que te los traigan. Fuimos campeones y llegamos a las semis de la Sudamericana. Allí tuve jugadores como Iturbe, lo hice debutar en Primera y hoy es figura en Europa. Me fue muy bien. Volví y empecé en Argentinos Juniors. Salimos cuartos. Los tenía a Mercier y a Ortigoza. La defensa le daba la pelota a ellos y salíamos jugando tranquilos. Ahora, Gimnasia, que es mi lugar en el mundo del fútbol, hicimos un gran torneo, el último.

-¿Por qué te fuiste de equipos como Independiente o Argentinos donde no te había ido tan mal?

-Siempre trato de irme antes de que me puteen. En los dos me fui cuando consideré que debía hacerlo. Por ahí me quedaba y me iba bien pero cuando ves que en el club el clima se pone raro lo mejor es irse y listo …

-Decís que Gimnasia es tu lugar en el mundo del fútbol … ¿No será tiempo de cambiar de aire, de buscar otro desafío?

-Es mi lugar, totalmente. Estuve siete años como jugador, del 96 al 2003. Me retiré de Primera allí. Y llevo dirigiendo 4 o 5 años entre las dos etapas. Tengo contrato por seis meses más. Llevo muchos años y eso provoca un desgaste, porque cuando no ganas un par de partidos ves otras cosas.

-Gimnasia tiene 14 goles a favor y 15 en contra, en 18 fechas. Es poco en ambos aspectos.

-Somos un equipo que defiende bien. No metidos atrás, sino que cuando perdemos la pelota la recuperamos enseguida. El problema es que fallamos mucho en la definición.

-Se te ve muy bien …

-La verdad es que estoy muy feliz. En el fútbol me fue bien y ahora disfruto con mis hijos y con mi mujer que está embarazada. Llevo una buena vida. No tengo vicios. De vez en cuando voy al casino, una vez por semana. Para distraerme un poco.

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