Contaba Carlos Ischia en una reunión que en sus tiempos de ayudante de Carlos Bianchi, en el primer ciclo súper exitoso en Boca, que había que tener cuidado con Guillermo y Gustavo Barros Schelotto al nombrar algún equipo o algún jugador del exterior. Porque ellos veían todo, conocían a todos, y uno corría el riesgo de quedar pagando. Es así, nomás. Guillermo respira fútbol por todos sus poros también ahora que es el técnico de Lanús con la compañía cercana de Gustavo, su gemelo en la vida y en la interpretación del juego. Por eso resulta interesante el intercambio. Sin urgencias de resultados ni obligaciones laborales. Pasaron dos años y medio desde que el jugador le dio paso al entrenador. ¿Ya terminaste de hacer el traspaso? “Me costó en los primeros tiempos. Pero no en mi cabeza, en el día a día. Porque yo empecé en junio y hasta mayo había sido compañero o había enfrentado a algunos de los que tenía que dirigir. Pero aun ahora por ahí doy una indicación como si fuera jugador. Igual mantengo siempre una relación abierta entre jugador y técnico. Quizás sea por la edad” (él anda por los 41). -Según parece tu decisión de ser entenador la tenías desde hace años. Y, con las ideas claras. ¿Te resultó fácil plasmar esas ideas para definir el estilo de tu equipo? -No. La idea la tengo en la cabeza y decirla es fácil pero entenderla es complicado. Explicarle al jugador lo que querés y que lo comprenda rápidamente es muy difícil. La repetición es mejor que la idea misma. Con la repetición uno aprende. Y el técnico también. Vos podés planeara un movimiento pero el fútbol es tan dinámico que ese movimiento se corta en la mitad y hay que resolver.

Ahí aparecen los grandes jugadores. -¿Quién te inculcó ese estilo que querés imponer? -Siempre, desde chiquito me gustó el buen juego. Tuve muchos entrenadores y aprendí de todos. Pero me quedó algo de Carlos Griguol, el maestro: él me enseñó a pensar en la cancha. A no jugar atropelladamente. Fue el consejo justo. Me sirvió para toda mi carrera. -Decís que te gustó siempre el buen juego. Pero aquel Boca de Bianchi que ganaba todo no se destacaba por el buen juego. -Jugábamos bien por la eficacia que teníamos y por los buenos jugadores que integraban el equipo. Y teníamos una mentalidad letal. En el primer torneo, en el 98, creo que hicimos el primer gol antes de los 5 minutos como en diez partidos. Entrábamos, arrasábamos y a partir de eso, jugábamos. Entre jugar bien o jugar mal hay poco diferencia cuando ganás.

Y para ganar algo bueno tenés que haber hecho aun sin jugar bien. -No crees en la influencia del azar? -Es mínima. Creo más en la impronta del jugador o en el sistema. Le planteamos nuestro punto de vista, con ejemplos, de que esa influencia puede ser mayor. El gol de Gago a Godoy Cruz, por caso. Y otros más. Convenimos en una influencia “intermedia”. -En el Mundial se vio mucha mezquindad, especialmente después de las primeras rondas. El que lograba meter un gol se dedicaba a cuidarse sin intentar hacer el segundo. Cada vez se juega con menos delanteros. Se puso de moda el 4-2-3-1. -El sistema táctico es importante en el plano defensivo, en el ofensivo se depende de la impronta y la capacidad de los delanteros. Debés poner jugadores adelante y no por eso decir “soy super ofensivo”. Hay que armar un planteo para privilegiar la victoria ante la especulación. Y hay más chances de ganar cuando jugás bien y hay compañerismo. Yo pongo tres delanteros. Pero con obligaciones de ayudar en la recuperación de la pelota. -¿No te gusta jugar con enganche? En el partido contra Defensa lo hiciste. -Sí, me gusta. Y hasta jugué con tres delanteros y enganche. Con dos buenos contenedores en el medio se puede armar un sistema confiable. Pero, insisto, si todos están concentrados y compenetrados de la idea y de las obligaciones. Pero se sabe que es muy difícil encontran buenos enganches, ahora. Pero problema de jugar así en un fútbol muy opinado, es la crítica. No por eso modificás tu forma de jugar. Pero está el hincha, el dirigente, el socio, el periodismo. Y si no te sale el resultado la oposición es sanguinaria. -¿Pero te preocupa lo que se dice afuera?- -No. No soy de leer un diario o escuchar la radio ane un resultado. Si no tengo ni recortes ni fotos de cuando salimos campeones. Y leí algo de Radomir Antic (afamado técnico europeo) que le contó a su madre que había salido su foto en el diario cuando le hicieron el primer contrato y la madre le dijo “recordá hijo que con ese diario alguien se estará limpiando el culo”. -Tenés un equipo de trabajo abierto. Pero las decisicones las tomás vos. ¿Hasta dónde escuchás a Gustavo? -Tiene muchísima influencia. También lo esucho a Pereyra. Y a Leo Noce, con los arqueros. -¿Uno eliege un sistema y lo tiene que utilizar siempre? -Uno elige una forma de jugar pero las tácticas planeadas son para defender. Pero todo se decide en cuestión de segundos. Los papeles se queman muy rápido. Una jugada cambia todo. Lo ofensivo es más natural. Por el jugador y por los movimientos. -La impresión es que en el actual torneo los equipos atacan más. Hay una camada de entrenadores jóvenes que pregonan un juego más estético, de toque, y ofensivo. ¿La razón es que no hay descensos? -No sé el motivo exacto. Quizás tenga que ver que no existe la urgencia por salvarse del descenso, aunque los promedios sigan vigentes. Hay una tendencia a atacar más. Me da la sensación que es por lo que dejó Alemania en el Mundial. Muchas veces los mundiales marcan tendencias. Alemania fue ofensiva y por eso se ven más equipos ofensivos. Ofensiva hasta el partido con Argentina. -La Selección dejó dos versiones. Al principio fue al frente contra equipos que se cerraron atrás y le costó mucho entrarles. Y después mostró una imagen muy defensiva. Sólo el partido final, contra Alemania mereció ganar, paradójicamente. -Yo no lo considero a Sabella un técnico defensivo. Lo considero inteligente. Y en la ofensiva, cuando pudo, mostró su potencial. Pero el equipo perdió jugadores clave. Agüero no estaba al ciento por ciento. Higuaín, tampoco. Y después se lesionó Di María. -¿Y Messi? Se pensaba que éste era el Mundial de su consagración. Y, sin embargo, no quedó buen recuerdo de su participación. -Empezó muy bien. Hizo los goles necesarios al comienzo. Y después perdió a sus mejores compañeros arriba. Quedó muy aislado. Pero siempre insinuó con su calidad. -Según decís crees mucho en los entrenamientos de la semana y en las reiteraciones. ¿Qué importancia tiene la práctica con los jugadores para tu proyecto? -Mucha. Antes había menos indicaciones y responsabilidades en las inferiores. Y se dependía mucho de lo que uno aprendía por su cuenta. En determinadas edades eso puede ser positivo como negativo. Ahora es distinto. Antes un jugador debutaba en Primera a los 16, 17 o 18 años. Dependían de sus talentos. Ahora llegan a los 20 o 21. Pero siempre se puede aprender. Y son buenas las prácticas para sumar conocimientos. -¿Te importa mucho trabajar con vistas al rival que vas a enfrentar? -No mucho. Sí vemos los videos, sobre situaciones específicas como la pelota parada. Pero poco le mostramos a los jugadores. Jugadas puntuales. Pero me enfoco más en potenciar las virtudes nuestras y ajustar los errores. Siempre se trabaja en afinar el lápiz porque si trabajáramos sólo en corregir seríamos todos Maradona, Pelé y Beckenbauer. -El claro ejemplo de hoy es River. ¿Es un espejo para vos? Juega bien y tiene poder ofensivo. -Vos sabés que para armar una estadística hay que tener en cuenta muchas opiniones. Y River no llega a los 40 partidos como para armar una opinión concreta. Para mí el mejor espejo es el Lanús de los últimos años. Un equipo que trata de jugar bien, salir a ganar más allá de los rivales y ser protagonistas. Y siempre estuvo en la pelea de los primeros puestos.

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