El documento dice Reinaldo Carlos, pero desde siempre para el ambiente futbolero es “Mostaza” Merlo. Y sin “Merlo”, también. Tipo simple, bonachón, amigo de ley, apasionado por el juego de la pelota, pero muy apasionado. Capaz de ver partidos y partidos por televisión todos los días y a toda hora. Y con el afán de analizar jugadores y sistemas. Sin resentimientos. Se había ido de Racing, su debilidad, en mayo. “Me echaron”, dijo sin eufemismos porque le anunciaron que no le renovarían el contrato. Pero sin rencor. Sorpresivamente lo llamaron de Colón cuando faltaban cuatro fechas, el equipo estaba todavía en zona de ascenso pero en caída.

-¿No arriesgabas mucho? Te tocaban cuatro finales en ese intrincado torneo de la B. Y si te iba mal …

-Era la gloria o Devoto. Lo sabía. Pero a mí me gustan los desafíos. Sabía que era chiva la mano. Porque Colón es un grande. Y porque Unión ya estaba camino a la Primera. Me llamaron el jueves 13 a la tarde y me dijeron que estaban hablando con otros técnicos y si yo estaba dispuesto a hacerme cargo al día siguiente y viajar a San Juan. Les dije que no tenía problemas, que iba con el Polaco Daulte y con el profe Pablo Mansilla. Me volvieron a llamar a la noche y me avisaron que me habían elegido. Nos fuimos para Santa Fe, hicimos un entrenamiento. Yo había visto algunos partidos y conocía a varios de los jugadores. Otro entrenamiento, y al día siguiente viajamos para jugar contra San Martín. Fuimos en micro porque no pudimos hacer la conexión aérea. Fueron 14 horas … Salimos 0 a 0 pero metimos varias situaciones de gol. Puse tres delanteros … Después le ganamos a Ferro y perdimos con Douglas. Había que en el último con Boca Unidos. La cancha era una caldera. Nos jugábamos todo. Pero yo estaba tranquilo … No embocábamos el gol y quedábamos afuera por los otros resultados. Me pedían de todo. “¡Sacá dos defensores! Atacá … atacá! Mantuve la calma. Hasta que le cometieron el penal a Pavón, es un avión ese pibe, un fenómeno. El pase es de Boca. Y Alario, que tiene 21 años y una gran personalidad, era el encargado de patearlo. Estaba entre algodones porque se había lesionado en el primer partido. Pero jugó igual. Y el penal lo clavó en un ángulo. Nos aliviamos todos. Y Ramírez que había estado también mucho tiempo afuera por una lesión metió los otros dos. Cuando los dirigentes me vinieron a felicitar al final les dije: “Si perdíamos, me rajaban”. “Y a nosotros, también”, me respondieron, ja.

-¿Te había pasado alguna vez eso de llegar y jugar enseguida?

-En Douglas Haig llegué un viernes y jugábamos el sábado. No ando con vueltas.

-Los técnicos que dicen que necesitan cinco o seis fechas para conocer a los jugadores, ¿versean?

-Cada uno con su librito. No sé … A mí me llaman y si está todo en orden le doy para adelante.

-Vayamos para atrás … No hay muchos casos de jugadores que hayan hecho toda su carrera en un club. Vos debutaste y dejaste el fútbol en River. Y sos el jugador que más partidos usó esa camiseta …

-Fueron 15 años. Debuté en el ’69, me puso Labruna … Y dejé en el 84. Tenía 34 años y dije basta. Gané siete títulos. Suficiente ¿no?

-Pero tardaron en volver a gritar campeón desde tu debut. River venía en una racha negativa desde el ’57 … Y recién festejaron en el 75 …

-Es verdad, jugábamos bien, muy bien. Pero nos caíamos al final. Hasta que volvió Angelito Labruna … El equipo, en el medio, era de memoria. Jota Jota López por la derecha y el Beto Alonso como armador. Y tres delanteros, hasta que llegó el Nene Commisso. Yo era el único volante de contención, el “limpiaparabrisas” delante de la línea de cuatro. Iban todos para arriba. Ese sí que era un equipo ofensivo. Y atrás, Perfumo y Passarella … Cuando rompimos la racha nos cansamos de ser campeones …

-Y con ese ejemplo, ¿por qué sos tan tacticista como entrenador?

-Jaja. No soy tacticista. Soy un equilibrista. Me adapto el estilo a los jugadores. No hay secretos en el fútbol: hay que tener solidez defensiva y poder de gol. En San Juan, ya dije, jugamos con tres delanteros, creamos

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seis o siete situaciones de gol y salimos 0 a 0.

-En 30 años dirigiste muchísimos equipos, con algunos retornos, tres veces en Racing, dos en River, cuatro años en los juveniles cuando Basile era el entrenador y seguís con el mismo entusiasmo. ¿No te cansan las vicisitudes del fútbol?

-Cuando no estoy trabajando, me aburro. Este es el mejor deporte del mundo. Y no me importa si los clubes son grandes o chicos.

-La estatua en Racing es el mayor halago de tu carrera, ¿no?

-Y claro. Fue el mejor equipo que dirigí. Más que nada porque lo armé yo. Llegué para zafarlo del descenso y en el otro semestre salimos campeones. Con jugadores como Milito. Vitali, Campagnuolo, Bedoya, Loeschbor, Maciel, Gustavo Barros Schelotto, Ubeda. Muchos llegaron a préstamo y algunos eran la base de la temporada anterior … Racing me dio la gloria como entrenador. Y yo conseguí que su gente disfrutara un título después de 35 años.

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