Llegó el gran día. Al fin se verán las caras sobre un ring Floyd Mayweather Jr., el campeón invicto de los wélters, y el filipino Manny Pacquiao, su rival emblemático y demorado por años para este duelo. Será en el Grand Garden Arena, el estadio del MGM Grand Hotel de Las Vegas, después de la medianoche de la Argentina. Y estarán en juego tres títulos mundiales, nada menos. De los organismos más reconocidos. Los dos de Mayweather (Consejo y Asociación Mundial) y el de Pacquiao (Organización Mundial). Se acabarán, entonces, las chicanas y los obstáculos que se plantearon durante los últimos tiempos. Especialmente el reclamo de controles antidóping especiales, anteriores y posteriores al combate, por parte del entorno del estadounidense edit my essay.

En realidad, la larga espera se debió al enfrentamiento de dos gigantescas cadenas televisivas deportivas. Es que Showtime, que respaldó siempre la carrera de Money, y HBO, que sigue los pasos de Pacquiao, no lograban nunca el acuerdo para las transmisiones y el reparto de las ganancias.

También estaban en disputa los promotores. El invicto tiene su propia empresa (Mayweather Promotions) y cuenta con el respaldo de Al Haymon, el nuevo y enigmático zar del boxeo internacional. Tiene el contrato de la mayoría de los boxeadores encumbrados y con su poderío económico influye en las grandes decisiones. No se muestra públicamente y no acepta entrevistas. La Golden Boy de Oscar de la Hoya se debilitó tras su aparición y el éxodo de sus principales dirigentes al ámbito de la nueva figura. Del otro lado está la vieja Top Rank, presidida por el veterano Bob Arum. Lo tiene a Pacquiao como emblema y al prestigioso entrenador Freddie Roach como su conductor deportivo.

Esos fueron, especialmente, los motivos de la larga controversia que impedía este choque, ahora nominado como “la nueva pelea del siglo”, mote que se inaugurara en 1923 con el enfrentamiento entre Luis Angel Firpo y Jack Dempsey.

Este es el combate del siglo XXI, entonces. Y el negocio más grande de la historia, con ingresos calculados en más de 500 millones de dólares y un movimiento circundante de publicidades, hoteles, casinos y juego, que podría llevar la cifra a los 1.000 millones.

Es una pelea que llega un poco atrasada para las posibilidades deportivas de los rivales. Porque Mayweather cumplió 38 años en febrero y ya hace tiempo que no gana una pelea por nocaut. El de Víctor Ortiz, en 2011, se dio por un polémico golpe tras un saludo de su adversario. Y porque Pacquiao va en busca de los 37 años (los cumple en diciembre) y padeció un recordado nocaut ante el mexicano Juan Manuel Márquez en 2012 y una discutible derrota frente a Timothy Bradley, por puntos, ese mismo año.

02/05/15
El filipino, más bajo, comenzó peleando como peso mosca (50 kilos) en su debut profesional hace 20 años. Escaló categorías y sumó títulos desde entonces, hasta llegar a estos 66,500 de ahora. Creyente religioso, alcanzó el rango de ídolo máximo en Filipinas por su condición de peleador incansable y por su historia personal de chico de la calle devenido en político influyente. El técnico Roach dice que elaborará un plan “secreto” sobre el ring. “Estamos seguros de que habrá uno que querrá pelear y ese será Manny. Veremos cuánto se escapa Floyd”, dijo el entrenador de Pacquiao. El secreto principal, claro, dependerá de la velocidad de piernas de Manny y de su pegada, más contundente que la del estadounidense.

A Mayweather se lo conoce muy bien. Especialmente después de sus últimos enfrentamientos con Marcos Maidana. Desde hace años es considerado el mejor de todos, categoría por categoría. Es un artista de la defensa. Por reflejos y por habilidades para los esquives. Suele manejar psicológicamente las peleas, actuando de menor a mayor. Y le sobra para convencer a los jueces con su despliegue en los últimos segundos de cada asalto. Es mañero y trata de sacar ventajas en todas las situaciones. Hay momentos en que parece que es imposible pegarle y esto suele desmoralizar a sus adversarios.

Se supone que Pacquiao no caerá en esa trampa. Y por eso asoma la posibilidad de una definición contundente para cualquiera de las dos partes. Mayweather es el favorito en las apuestas y en las perspectivas. Pero esto es boxeo. Y como el ostentoso y soberbio Money no goza de la simpatía de la gente (ni aún en ésta, su tierra), no son pocos en el ambiente del boxeo los que esperan que le entre una mano contundente para saber cómo sería su caída del pedestal. Aunque es el mejor, sin dudas.

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