La Selección llegó a Brasil con un equipo titular ya afirmado. El que jugó en la última parte de las Eliminatorias, claro. Salía de memoria. Y por eso Alejandro Sabella, el técnico, resistió las presiones para sumar algunas convocatorias. Sólo Martín Demichelis apareció en la lista como “extraño” al final. Se decía que esa formación, de gran potencia ofensiva, con “los cuatro fantásticos ”, aparecía como desequilibrada. Pero era del gusto de Messi. Y el entrenador le dio camino. Pero se sospechaba que cuando empezaran los partidos decisivos, la cambiaría por una de aspecto más precautorio. La falta de uno de los atacantes (Higuaín) en el primer partido le dio la posibilidad de la variación. El rival era la débil Bosnia. Y fue muy lejos Sabella con la inclusión de una línea de cinco defensores, con Campagnaro sumado, y con Maxi Rodríguez en reemplazo de Gago. Sorprendió la actitud. No funcionó en el primer tiempo y corrigió para el segundo. Entraron Higuaín y Gago y quedó el equipo de siempre. Al día siguiente Messi hizo una declaración de principios defendiendo, en conferencia, esa formación habitual. Y siguió igual el equipo ante Irán y ante Nigeria. Pero la lesión de Agüero en ese encuentro permitió el ingreso de Lavezzi, cumpliendo el rol de volante-delantero. Un poco menos de potencia en busca del “equilibrio” . Y así siguió frente a Suiza, en octavos. Con el compromiso de mantener la posesión de la pelota ante rivales ultradefensivos. Ganó los partidos pero le costó quebrar las murallas. Le faltaba generación de juego coherente. Contra Bélgica, en cuartos, se decidió Sabella a realizar cambios. Aunque sin variar mucho el dibujo táctico. Entró Demichelis por Federico Fernández y Biglia, por Gago. Además, Basanta por el suspendido Rojo. Ya tenía el equipo una orientación más cercana al gusto real del técnico. El rápido

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gol de Higuaín posibilitó el resguardo defensivo. Y más cuando entró Enzo Pérez por el lesionado Di María. Con la vuelta de Rojo quedó firme esta formación para jugar con Holanda. Enzo Pérez, Biglia, Mascherano, Lavezzi, en el medio. Y arriba, Messi e Higuaín. Poco que ver con aquella Selección de las Eliminatorias. Un equipo diseñado para contraatacar. Con conducta táctica. Como Holanda salió con la misma idea resultó un partido poco atractivo. Argentina lo ganó por Romero en los penales. Y la figura fue, otra vez, Mascherano. Es claro, en un equipo diseñado para aguantar, y contestar, si se puede, el líder es Mascherano. Como se redujo la potencia ofensiva, Messi -fundamental con sus goles en los primeros partidos- perdió protagonismo. Él es pieza clave cuando el equipo busca desequilibrar. Se postergó la dependencia. Pasó a ser uno más en la estructura. Pero Sabella tuvo un gesto táctico más. El explicó la importancia de “cubrir los espacios” . Y que resulta mejor hacerlo con jugadores con características de atacantes. Por eso, en un momento formó una línea de medios con Palacio-Bilglia-Mascherano-Lavezzi. Más Messi y Agüero (reemplazante de Higuaín). ¡Cuatro delanteros naturales! Pero dos comprometidos con la “cobertura de los espacios defensivos” por los costados. Una novedad, ciertamente. Porque es un modelo defensivo (dos líneas de cuatro) pero con laterales -en el medio- capaces de desdoblarse. Ahora viene la final con Alemania. Y como se ve, el control absoluto de la Selección lo tiene Sabella.

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