La novela de Riquelme-Boca-Bianchi-Angelici ya tuvo un final con la salida del jugador, pero todavía quedan capítulos para transitar. La sorprendente decisión de Román de rechazar la oferta de Boca luego de las extensas negociaciones de su representante, Daniel Bolotnicoff (con sus directivas, claro) para decidir su paso a Argentinos Juniors, por un salario menor, puede contemplar -mínimamente- dos lecturas. 1) Que no era sólo cuestión de dinero la diferencia. 2) Que sí lo era pero que Riquelme quiso con eso darle un escarmiento a Daniel Angelici y a su directiva por la mail canadian pharmacy demora (maltrato, en realidad) en el comienzo de las tratativas después de la expiración de su contrato. Se sabe que seis meses antes de la conclusión del vínculo -si no hay negociación-, el jugador cialis otc tiene derecho a arreglar con otro club. Y Riquelme no lo hizo. Más allá de cialis alcohol las frases protocolares de compromiso del interés mutuo por la continuidad y la realidades que indicaban que el 10 era el último gran ídolo del club (además de ser el mejor jugador del plantel) y que merecía un tratamiento acorde, había una sensación evidente de que no estaba a gusto con la dirigencia y que a la dirigencia no le gustaban las actitudes del jugador. Se suponía que el arreglo llegaría, finalmente, por lo que significaba para el club el ícono futbolero y por el consiguiente y ruidoso reclamo popular. Pero Riquelme, a su estilo, esquivó ese reclamo y pegó el portazo. Sin explicaciones. Y en la conferencia de presentación en Argentinos no quiso referirse a Carlos Bianchi. Y el tono pareció de enojo con el entrenador, definido no hace mucho por él mismo como su “segundo padre”. Se había reclamado del técnico una definición pública sobre gtn and cialis su necesidad de la continuidad de Román. La había hecho en una nota de Clarín viagra horror stories del 8 de julio en la que declaró “Todo Boca necesita a Riquelme”. Pero, aparentemente, no alcanzó. No se sabe, claro, cómo fueron las charlas privadas que tuvo con Angelici y cuál fue su nivel de exigencia. Lo cierto fue que ayer, en la conferencia, respondió a lo que se le pedía y fue contundente. Ratificó su cariño y su admiración por Riquelme y lo calificó de “irremplazable”. Explicó que los entrenadores tienen fronteras. Al fin, dijo lo suyo. Habló. Faltaría saber, entonces, por qué Román no quiso hablar de él.

Comparte este enlace:
  • Print
  • Facebook
  • Twitter